martes, 15 de julio de 2014

En Respuesta a Saturno, a Antonio Aponte y al Toby Valderrama: De cómo pudieron haber asesinado a Hugo Chávez (III)

En esta tercera entrega, continuaremos con los experimentos y desarrollos bioquimicos impulsados por Sidney Gottlieb y la CIA desde los años 50 hasta la actualidad.

En Japón, el doctor Gottlieb había visitado la base secreta que tenía la CIA en la base aérea de Atsugi, cerca de Yokohama. Desde ese complejo, de veinte héctareas de extensión, la CIA había empezado a ejecutar misiones secretas. El responsable de esas misiones era Hans Tofte, un veterano de la OSS. Se jactaba de conocer "cada centímetro del terreno". El doctor Gottlieb le dio instrucciones para que hiciera una selección de insectos y animales de pequeño tamaño de la zona, como ratas de la jungla y topillos, para sus experimentos.

Como lo sigue señalando Gordon en su libro, Frank Olson y sus colegas investigadores se pusieron manos a la obra con los insectos y los pequeños mamíferos. Todos los miembros del personal científico habían firmado un documento por el cual, en caso de fallecimiento a consecuencia de alguna enfermedad contraída en el desempeño de su labor, legaban su cuerpo al Gobierno estadounidense. Se los vacunó a todos para protegerlos de los gérmenes que utilizarían para infectar a los animales procedentes de Corea. Para poder acceder a los laboratorios, debían tomarse una serie de antibióticos y ducharse con una potente solución antiséptica. Vestirse con capucha y botas de protección, respirar aire purificado, bañados en luz ultravioleta. Para manipular los microbios que pululaban en placas de vidrio en el interior de las cajas de cristal, debían usar guantes de goma y examinar uno a uno para determinar cualés podían servir de vectores de transmisión.

Se trataba y se trata de todo un trabajo tedioso y potencialmente mortal. Las bacterias se probaban en "conejillos de indias": conejos, macacos, rhesus y cerdos. Las pruebas se realizaban en un edificio sin ventanas de ocho pisos de altura, un rascacielos entre los edificios bajos de Camp Detrick. El edificio 527: entre sus paredes había una esfera de metal de unos doce metros de circunferencia. En su interior se pulverizaban las bacterias sobre los animales para comprobar su idoneidad como vectores para enfermedades como, por ejemplo, la encefalitis, la enfermedad del cerebro que desencadena rápidamente convulsiones y coma, y que a menudo ocasiona la muerte.

También Frank Olson y sus colegas confirmaron también la idoneidad de la colección coreana del doctor Gottlieb para diseminar muchos otros virus de guerra bacteriológica.

El 5 de diciembre de 1950, un memorándum secreto del Comité de Armas Biológicas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos llegó a la Oficina del doctor Gottlieb solicitando asesoramiento en la búsqueda de pruebas acerca de la inmunidad de desertores enemigos y prisioneros de guerra contra enfermedades provocadas por armas biológicas y el progrso del trabajo y defensa de los Estados Unidos desde el punto de vista de la guerra biológica.

Es por ello, que el doctor Gottlieb decidió que había llegado el momento de volver a Tokio para visitar la unidad 406 llevándose a Frank Olson consigo. Llegaron a principios de 1951. El laboratorio médico general de la unidad 406 del Mando del Extremo Oriente, se había fundado en 1946 y en ese momento tenía su sede en el edificio Mitsubishi Hagashi, en las afueras de Tokio. Su propósito original era proporcionar servicios sanitarios de varios tipos a los ocupantes estadounidenses y a la población civil. Pero la unidad 406 tenía otro cometido, que sólo conocían el Coronel Mason y algunos subalternos de mayor graduación. En un complejo de laboratorios de acceso restringido había una serie de investigadores trabajando con peste, ántrax, fiebre de Malta y cólera para descubrir su potencial como armas. Cada mes se sacrificaban en experimentos alrededor de 20.000 ratones y varios cientos de conejillos de indias y otros pequeños mamíferos. Los investigadores estadounidenses contaban con la ayuda de algunos científicos japoneses que habían visitado Fort Detrick en 1945. A cambio de inmunidad por sus crímenes de guerra, los japoneses revelaron detalles de los experimentos que habían llevado a cabo con armas biológicas sobre prisioneros estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

El doctor Gottlieb y Frank Olson habían llegado en un momento en el que la unidad 406 estaba a punto de adentrarse más todavía en el siniestro mundo de la guerra biológica.

En abril de 1951 Estados Unidos y las fuerzas aliadas contraatacaron con contundencia e hicieron muchos prisioneros coreanos. Estaban retenidos en un campo de la isla de Koje, en Corea del Sur. Ese mes, un lanchón de desembarco de la Marina de Estados Unidos que había sido equipado como laboratorio por la unidad 406 atracó en sus aguas. El doctor Gottlieb se encontraba a bordo. El buque estaba allí para atajar un brote de disentería amébica declarado entre los prisioneros. Se hicieron 3.000 cultivos orales y rectales.

En los meses que siguieron, cayeron enfermos casi 20.000 prisioneros; murieron 1.800. empezaron a circular informes por toda Asia en los que se afirmaba que los prisioneros habían sido sujetos a experimentación con armas bacteriológicas. Newsweek resumió así las alegaciones: "Corea del Norte y China denuncian el uso de chinos comunistas como cobayas humanas en el barco de la peste bubónica".

De repente, cesaron todos los comentarios acerca de estos incidentes. Años después, cuando William Colby, Director de la CIA, compareció en una vista ante el Congreso, dijo que los archivos de la CIA sobre el programa de guerra biológica eran "muy incompletos", ya que muchos habían sido destruidos en 1972-1973. No podía recordar por qué. Era posible que incluyeran todo tipo de detalles acerca de l misterioso brote de disentería entre los prisioneros coreanos. ¿Fueron infectados con un germen?

También es bueno destacar las confesiones de los oficiales derribados en la guerra de Corea en las que reconocían haber lanzado armas biológicas. Habían descrito como las bombas de gérmenes se cargaban minutos antes de despegar para evitar el peligro de un contratiempo que hubiera podido aniquilar toda una base aérea. Cada aviador confesó, de manera independiente, que el objetivo de los ataques era crear un cinturón de contaminación que se extendiese por el centro de Corea del Norte de tal forma que interrumpiese el movimiento de soldados y suministros hacia el sur del paralelo 38. Cada piloto dijo que le habían dado una explicación detallada acerca de cómo las bombas cargadas de gérmenes "desatarían una epidemia en el bando enemigo". Todos estos testimonios son de personas que habían visto a supervivientes coreanos y chinos de las armas biológicas, seǵun las declaraciones de Eric Olson, hijo de Frank Olson y recogidas en el libro "Las armas secretas de la CIA" de Thomas Gordon.

De acuerdo a periódicos estadounidenses que se encontraban en Corea para la época, se señaló lo siguiente: "... Los norcoreanos decían haber capturado a algunos de nuestros pilotos y que éstos habían confesado haber lanzado "bombas de gérmenes". Decían que incluso tenían fotografías de algunas de estas bombas, que no habían llegado a explotar..."

También hubo acusaciones de que en la guerra en Corea, Estados Unidos habría incurrido en guerra bacteriológica: "La mayor parte fue trabajo experimental. Experimentos con vectores: insectos que, como el mosquito puede ser portador de la fiebre amarilla, y capaces de transmitir enfermedades de un organismo a otro. Habían concluido que Corea del Norte había servido, en efecto, de banco de pruebas para las armas bacteriológicas.

Por supuesto, y como las películas de Misión Imposible, Washington desmintió categóricamente estas acusaciones.

Por razones de espacio, lo dejamos hasta aquí, pero esto cada vez se torna interesante.

¡Bolívar y Chávez Viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).