lunes, 13 de julio de 2015

La tragedia griega, por el Prof. Franklin Gonzalez

Siguiendo y tratando de entender la situacion en la que se encuentra el pueblo griego, #RENTSOC comparte el artículo del profesor Franklin González, quien fue embajador de Venezuela en Grecia, sobre las vicisitudes de los hermanos griegos hoy en dia.

A continuación el articulo...


LA TRAGEDIA GRIEGA

La República Helénica está próxima a la encrucijada entre Europa y Asia, situada en el extremo sur de la Península de los Balcanes. Posee una superficie de 131.957 km², tiene una población de 11.300.000 habitantes, su crecimiento demográfico está por debajo del remplazo y tiene una esperanza de vida superior a 81 promedio. Su territorio comprende más de 2.000 islas en el Mar Egeo y el Mar Jónico, de las cuales sólo están habitadas unas 165. El Olimpo es la cota más alta del país. Es el país de Europa con mayor número de picos montañosos. Limita con Bulgaria, la República de Macedonia y Albania al norte, al este con Turquía y al oeste con el mar Jónico y al sur con el Mediterráneo.
En esa república se vive una tragedia pero no como representación ideal o teatral sino como realidad. Su protagonista es el pueblo y su actual gobierno y su antagonista: la troika, esto es, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional. 
Recordemos que los griegos fueron los creadores de las tragedias clásicas en la cuales se retratan la personalidad del hombre y la fluctuación de sus emociones; las contradicciones universales, las dudas, los anhelos y un cúmulo de sentimientos que escapan de todo límite temporal-espacial. Por tanto, la crisis de las ideológicas, la desconfianza, la falta de creencia y de fe, la muerte de las utopías, son factores que siempre han rodeado la vida del ser humano, y que adquieren mayor o menor intensidad bajo nuevas formas y en distintas circunstancias.
Tres de los trágicos más grandes de la historia de la literatura son Esquilo, Sófocles y Eurípides, griegos ellos, quienes en sus respectivos contexto históricos y con sus exquisitos talantes, supieron plasmar en sus obras las emociones, las angustias, las dudas y las pasiones de los hombres de su época.
Valiéndonos de Aristóteles analizaremos la actual tragedia griega en tres partes: prólogo, episodio y éxodo.
Prólogo
Aquí ubicamos temporalmente una parte de la historia, en este caso el origen o antecedente de esa tragedia. Por tanto, vale la pregunta: ¿Quién tiene (o de quien es) la culpa?
Para los defensores a ultranza del capitalismo, en su fase superior, el neoliberalismo, los integrantes de la troika (Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), el origen de la crisis de la República Helénica se encuentra en los mismos griegos, quienes tras muchos años de despilfarro, holgazanería y unas políticas económicas irresponsables, provocaron lo que hoy es una realidad.
Desde la misma óptica se achaca al Estado de bienestar social (welfare state), desarrollado en Grecia, como causante del profundo déficit fiscal de ese país y por tanto su situación actual es fruto de la nefasta gestión pública como consecuencia del excesivo gasto de las administraciones públicas.
Para otras personas menos obcecadas e ideologizadas, el afán de lucro desmedido, la deshumanización, la intransigencia, la ceguera y la prepotencia imperial de la troika, son los principales responsables de la situación en la cual se encuentra Grecia.
También se menciona, por supuesto, la dejadez de los gobernantes griegos que llevó a la República Helénica a un proceso de desindustrialización desde su entrada a la Unión Europea en el año 1981 y en particular a su pertenencia como miembro pleno de la zona euro en el año 2001, que le asignó, en el marco de una nueva división del trabajo en esta zona, el papel de una nación de servicios y, por ende, en un mercado cautivo para los productos de exportación del nuevo hegemon de la zona euro, esto es, para Alemania, país éste que venía de una derrota estruendosa en la Segunda Guerra Mundial y que ahora pretende convertirse en el gran ganador en el terreno financiero, comercial y económico.
Los diversos gobiernos griegos se pusieron a pedir préstamos en pos de la prosperidad ficticia del país y los acreedores le estiraron una línea de crédito ilimitada. Durante muchos años (entre 2000 y 2010) el país estuvo gastando más dinero del que producía y financiando ese gasto a través de préstamos. Ante la gravedad de la crisis de 2008, tanto el Gobierno griego como los acreedores ocultaron lo delicada que era la situación de esa nación.
El gasto público, por ejemplo, aumentó significativamente entre 2001 y 2007, mucho más que en otros países de la eurozona, lo cual se sumó a problemas de corrupción y evasión fiscal que terminó provocando un déficit superior del 3% del PIB para el año 2009 contemplado en las reglas de moneda común.
Préstamos no declarados a la eurozona, por su parte, también llevaron a que la deuda excediera significativamente el 60% acordado como límite por los países de la eurozona. Actualmente se estima en 177% del PIB (Ver Cuadro Nro. 1). Las respetadísimas instituciones de la eurozona no dijeron nada y el Fondo Monetario Internacional, encargado de velar por la salud financiera del mundo, también se hizo de la vista gorda.
Como resultado, la deuda pública griega creció exponencialmente y hoy el país simplemente no tiene como pagar.
Es más, es importante recordar que la voz de alarma en la Unión Europea salta en 2009 cuando la deuda pública griega alcanza el 126,8% del PIB. Desde 2010 y hasta 2014, bajo la casi exclusiva responsabilidad de la gestión de la Troika, el PIB heleno se ha contraído en términos porcentuales 26%. O sea, la Troika ha logrado destruir una cuarta parte del tejido económico griego.
En conclusión: la actual situación de la economía griega por supuesto que tiene que ver con la gestión de los gobernantes títeres de ese país, hoy por cierto sin poder para tomar decisiones económicas, pero también y en los últimos seis años, la crisis griega está directamente asociada con el BCE, la Comisión Europea y el FMI, instituciones que carecen totalmente de legitimidad democrática.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en declaraciones para la agencia de noticias EFE, el 10 de julio de 2015, decía que se puede culpar de todo a los griegos, pero si lo hacían mal, se preguntaba: ¿Dónde estaba la Comisión Europea? ¿Por qué no corrigió la actividad económica de los anteriores Gobiernos de Grecia? ¿Por qué dieron semejantes créditos y permitieron mantener tan baja carga fiscal en algunos sectores de la economía?”.
Los episodios
Esta es la parte más importante de la historia. Aquí se analizará el desarrollo de la tragedia.
Grecia vivió una especie de euforia de orgullo nacional en 2004 vinculada a los éxitos deportivos de la selección nacional y a la celebración de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, desde 2007, siendo Primer Ministro Costas Karamanlis del partido de derecha Nea Dimocratía, se observó una tendencia en sentido contrario. La clarinada de alerta de esta nueva época lo dio la más que demostrada incapacidad del Estado griego para controlar los incendios que arrasaron el Peloponeso durante el verano de ese año, donde murieron 64 personas y provocaron daños en importantes sitios arqueológicos, entre otros. No obstante esa situación, el entonces líder de la oposición, Georgios Papandreou, del PASOK, era visto como un político con escaso carisma, muy apegado a las prácticas estadounidenses y con un programa electoral difuso y poco atractivo. En definitiva, a pesar del descontento con el gobierno de turno, los helenos estaban aún muy lejos de considerar al PASOK como una alternativa de gobierno y volvieron a depositar su confianza en Costas Karamanlis en las elecciones generales celebradas en septiembre de 2007.
El septiembre del año 2008 estallará una nueva crisis capitalista, con repercusiones mundiales, con la quiebra, fusión o rescate de varias entidades financieras importantes en los Estados Unidos y la República Helénica no sólo será afectada sino que se convertirá en centro de importantes acontecimientos que marcarán su historia posterior. Los numerosos escándalos de corrupción política no dieron tregua durante ese año. Entre otros se encuentran el relacionado con el cobro de comisiones pagadas por la empresa Siemens con vistas a obtener contratos con la Administración Pública griega y el escándalo “Vatopedi”, en el que cuatro ministros (Theodoros Roussopoulos, Petros Doukas, Evangelos Basiakos y Alexandros Kontos) del gobierno de Nea Dimocratía se vieron envueltos en el intercambio de terrenos entre el Estado y un monasterio, con un saldo negativo para el Estado estimado en 100 millones de euros.
El gobierno de la Nea Dimocratía se desprestigió aceleradamente pero su principal rival, el PASOK, seguía sin despertar grandes entusiasmos como alternativa de gobierno. En ese contexto toma auge la coalición variopinta Syriza liderada por el joven excomunista Alexis Tsipras, quien salía muy bien posesionado en la intención de votos que se publicaban en 2008. En octubre de 2008 Georgios Papandreou, y su partido PASOK, a pesar de su escasa popularidad, se colocan como primero en intención de voto. En diciembre de ese mismo año se generan, tras la muerte de un adolescente tiroteado por un policía, revueltas que apenas pueden ser controladas.
Es el año que Grecia admitiría que sus finanzas no eran tan robustas como lo venían vociferando sus distintos gobiernos. La alarma sobre la crisis económica se desató a principios de diciembre de 2009 cuando las principales agencias comenzaron a rebajar de categoría la deuda soberana.
El 24 de diciembre de 2009, ya como primer ministro griego, Georgios Papandreou, hizo público la información de que las cuentas del gobierno de Nea Dimocratía de los años 2008 y 2009 no reflejaban la realidad: el déficit era mucho más abultado de lo que las cifras oficiales habían indicado hasta el momento (un 12,7% del PIB frente a un 7%) y anunció las primeras medidas de austeridad para reducir ese déficit fiscal al 2% en 2013. A partir de ese momento empezó un rosario de medidas de ajuste con consecuencias directas para la economía de la mayoría de los griegos. El 30 de febrero de 2010, la Comisión Europea lo aprobó pero con la “recomendación” de recortar los salarios y bajo una vigilancia sin precedente para su cumplimiento.
El 2 de mayo de 2010, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional acordaron otorgarle el primer paquete de ayuda financiera a Grecia por la cantidad de 110.000 millones de euros (unos US$120.000 millones) en tres años para afrontar la crisis a cambio de honrar sus compromisos con sus acreedores, en ese momento en su mayoría bancos privados de la región e implementar unas políticas severas de austeridad. Se estableció una edad mínima de jubilación de 65 años –era de 60 años- y un nuevo cálculo para las pensiones relacionado no con los últimos años sino con toda la vida laboral. Se aumentaron los años de cotización necesarios de 37 a 40 años para obtener una pensión completa. Se redujeron las pensiones en hasta 26,4% y una penalización de 6% a las jubilaciones anticipadas. El IVA se colocó en 23%. Se comienza la desposesión de la propiedad del Estado griego con la venta o reducción de su presencia en empresas semipúblicas o públicas y se liberalizan los sectores de la energía y el transporte. El número de municipios y entidades administrativas locales pasa de 1.300 a 340.
Sin embargo, las dudas sobre la solvencia de Grecia siguieron vigentes.Un año después se adoptó un segundo paquete de medidas por 130.000 millones de euros, pero con condiciones aún más estrictas, que implicó aumentar el límite de jubilación de 65 a 67 años se incrementa de 15 a 20 los años requeridos para la jubilación; eliminación de los bonos de navidades, Semana Santa y de vacaciones; el despido de 30 mil servidores públicos en los próximo dos años, aumento del 25 en el precio de los boletos del transporte urbano, eliminación o fusión de decenas de instituciones universitarias y el aumento del horario de enseñanza para disminuir la cantidad de profesores suplentes.
Los resultados de estos rescates tienen varias lecturas y varios impactos. Desde la lógica de la Troika estos han ayudado a reducir el impacto de la crisis griega sobre la moneda común. Sin embargo, para los economistas Paul Krugman y Joseph Stiglitz –ganadores del premio Nobel de economía en 2008 y 2001, respectivamente– las medidas no han hecho nada por mejorar la situación o las perspectivas de Grecia. Esta nación ha perdido la soberanía presupuestaria en vista de que el financiamiento europeo y multilateral ingresa en una cuenta bloqueada que deberá dedicarse de forma prioritaria al pago de la deuda, lo que impide atender otras necesidades como el pago de salarios o pensiones. También destinar de forma prioritaria al pago de su deuda los recursos obtenidos en su recaudación fiscal. Una nación desindustrializada que en el año 2014 generó apenas algo así como 13 mil millones de euros por concepto de su principal actividad: el turismo.
La economía griega, como se dijo supra se ha reducido en un 26% (a un promedio de mínimo 5% anualmente), lo que ha acentuado su dependencia en créditos externos. El impacto de las medidas sobre el pueblo griego ha sido brutal: su tasa de desempleo del 26% es la más alta de toda la Unión Europea y entre los jóvenes ya supera el 60%. Las pensiones han caído 48%, los salarios hasta en un 38% y 3 millones de habitantes están expulsados de la cobertura sanitaria.
Ya son millones los ciudadanos griegos que están viviendo bajo la línea de pobreza. El número de suicidios e intentos de suicidios registrados en 2009 fue 677, en 2010 de 830, en 2011 de 927 y 690 en 2012.
En el cuadro nro.1 se puede observar la evolución de la deuda pública en Grecia desde el año 2000. Esta ha crecido desde 2004 en términos de deuda global, cuando fue de 183.157 millones de euros y también en porcentaje del PIB, que fue del 98,60%. Para 2014 la deuda per cápita en Grecia en 2014, fue de 28.867 euros por habitante. En 2013 fue de 28.859 euros y en 2004 sólo de 17.255 euros per cápita.
La deuda pública en Grecia en 2014, que fue de 317.094 millones de euros, ha disminuido 2.039 millones desde 2013 cuando fue de 319.133 millones de euros. Sin embargo, la contracción del PIB del 2014 respecto al 2013 supone que la deuda en 2014 alcanzó el 177,10% del PIB de Grecia, una subida de 2,20 puntos respecto a 2013, en el que la deuda fue el 174,90% del PIB. Según cálculos conservadores la deuda externa en el mejor de los casos representará 124% del PIB para 2020 con un déficit fiscal crónico que durará muchos años.
A principios de este año 2015, un pueblo inconforme que constataba que los asfixiantes ajustes lo empobrecían, buscó una alternativa y votaron por el partido Syriza, cuya promesa electoral era revertir las medidas de austeridad y hacerle frente a la troika.
Ciertamente, el gobierno de Syriza, ha estado intentado renegociar algunas de esas condiciones de cara a un nuevo paquete de rescate, que paradójicamente han llevado a una crisis que parece de no retorno con la Troika.
Como diría una analista: en los últimos cuatro meses, el gobierno de Syriza ha gestionado la economía mejor que Nueva Democracia y el PASOK, pero a medida que los prestamistas aprietan la tuerca, se ensanchan las grietas y por tanto nos encontramos en un momento de definiciones que podría tener importantes consecuencias para el futuro de la moneda común y para el pueblo griego. La fuga de depósitos bancarios ha adquirido proporciones gigantescas, el sistema bancario está a punto de colapsar, mientras se acumulan los importes de la deuda morosa. El crédito comercial está congelado. Se estableció el “corralito” bancario.
El éxodo.
Alea jacta est, esto es, la suerte está echada, para Grecia y su gobierno actual. El contexto deja poco margen de maniobra en la continuación de las negociaciones. La prolongada ausencia de liquidez y de financiación orquestada por los prestamistas ha hecho caer la economía del país en recesión. El Estado suspende pagos y no puede funcionar debidamente. Sin ayuda, el sector financiero podría precipitarse hacia la bancarrota y provocar la quiebra del país y la puesta en marcha de una moneda paralela o incluso una salida del euro.
Eso puede significar que el gobierno de Syriza “reconoce” su error y por tanto, reciba el castigo divino, que sería aceptar la continuidad del austerismo para el pueblo griego o asumir una postura alternativa sobre la base de la estabilidad política recibida por mandato de un referéndum donde más del 60% del pueblo heleno dijo no al servilismo. En este caso, cualquier intento de anular la voluntad popular para volver a la austeridad y el memorándum equivale a una claudicación y por tanto debe prepararse para enfrentar el tsunami popular correspondiente.
El primer camino sería seguir aceptando la pérdida de su soberanía, la dependencia y la subordinación ante el “gobierno de la troika”, lo que implicaría ni más ni menos priorizar el pago de la deuda y como consecuencia se profundizaría la destrucción de la economía griega. Si se firma un acuerdo en las condiciones impuestas por los prestamistas, Grecia seguirá en la senda de los memorandos, no habrá crecimiento económico y mucho menos desarrollo social, el desempleo se mantendrá en los niveles actuales, habrá menos bienes y servicios para repartir entre la misma población, crecerá la desigualdad y la pobreza, la población envejecerá y la República Helénica se conocerá en el mundo como la nación de la deuda eterna. La corrupción seguirá campeando y los cambios internos quedarán congelados.
Otro, sería la insubordinación, el rescate de la dignidad de un pueblo que ya se expresó en ese sentido en el referéndum del domingo 5 de julio. Sería el no al austerísimo de la troika. Si el movimiento Syriza quiere cambiar realmente la sociedad, evitar la ruina de la nación, devolver la economía a la senda del desarrollo, asegurar una nueva posición dinámica para Grecia en el mundo, es preciso buscar vías de avance alternativas, lo que implicaría retomar el control de la soberanía nacional, intentar cambiar las reglas del juego en función de encontrar la luz que al final del túnel permita la recuperación económica sin tener que sacrificar a sus habitantes, sobre todos quienes más han sido golpeados por las políticas de ajustes.
Hay quienes sostienen en que el camino para la República Helénica no está en volver a una moneda nacional. Sin embargo, entendiendo que la política económica de Grecia ha estado hipotecada a los mandatos de la troika y por tanto la soberanía del estado-nación de ese país está en entredicho, vale la siguiente pregunta: ¿Cómo hacer para remover el primer obstáculo que es la incapacidad y la falta de autonomía para tomar las medidas que se necesitan, incluso las más elementales? La respuesta es clara y contundente. Sólo fuera de la Zona Euro se podría poner en marcha esta capacidad, para generar empleo y dinamizar la economía.
En ese escenario se afectaría negativamente a la moneda europea y aumentaría la inestabilidad en países con un peso mayor en la economía global, porque una Grecia insolvente implicaría importantes pérdidas de dinero para varios países europeos y podría genera el riesgo de un contagio político o teoría de dominó. Si la salida del euro se concreta y viabiliza, otras naciones podrían seguir el ejemplo, lo cual podría poner en riesgo a la misma Unión Europea, que ha puesto a la moneda común en el centro de su proyecto de integración.
Una Grecia fuera de la zona euro podría además forzar su salida de la UE.
El mensaje de los Ministros de Finanza y Economía de Eurogrupo, reunidos el 12 de julio de 2015, en Bruselas, deja claramente establecido que sería iluso levantar cambios sociales en Grecia dentro del marco de la Unión Europea. Un nuevo rescate (se habla de 50.000 millones de euros adicionales) tendría sus costos para el pueblo heleno. Son las concesiones que esperan los prestamistas, sobre todo después del impago al FMI y la realización del referéndum. La rebeldía se paga y a veces muy cara. Por tanto, Grecia seguiría bajo tutela de la UE hasta al menos mediados de 2018; tres años; implicaría aprobar la reforma fiscal y la de pensiones ipso facto. Por ningún lado aceptan nada que huela a incluir la reestructuración de deuda en el rescate y Atenas que antes reclamaba, junto con el rescate, “la reestructuración y ampliación de plazos de la deuda de Grecia con el fondo de rescate europeo” ahora más bien “da la bienvenida a la oportunidad de explorar medidas potenciales para hacer sostenible y viable la deuda pública”. Alguien muy ingenuo podría afirmar: cuestiones de lenguaje.
Por supuesto que la cosa está color de hormiga para la República Helénica, su pueblo y actual gobierno. Cualquier decisión que implique luchar por su liberación o emancipación también tiene sus costos y para ello necesitaría mucha ayuda financiera fuera de la troika. En este sentido y no muy claro que se diga, el presidente ruso Putin ha dicho que Atenas no ha pedido ayuda financiera a Moscú. “Rusia, desde luego, tiene la posibilidad de apoyar a sus socios, pese a las dificultades que experimenta hoy día”, pero “Grecia es un país de la Unión Europea”.
Amanecerá y veremos.
Sociólogo, doctor en Ciencias Sociales, profesor titular, ex-director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV, profesor de Postgrado en la UCV, el Instituto de Altos estudios Diplomáticos “Pedro Gual” y la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y ex embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.
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