sábado, 23 de mayo de 2015

¿“Modernidad Líquida” en la Venezuela de hoy?

Luego de un tiempo alejado de la escritura, en virtud de innumerables tareas y compromisos en los que me he encontrado inmerso, estoy tratando de retomarla, y quisiera aportar algunos insumos que pudiran ayudar a comprender, por lo menos en parte, la complejidad de la situación que vivimos en Venezuela.

Si algo debo agradecer a mi estancia en la capital, en Caracas, son las innumerables oportunidades con las que se cuentan para la formación, para el estudio, para el análisis que devenga en propuestas para la acción. Y en esa sed por el eterno saber, y por recomendación de una persona muy apreciada y querida por mí, a quien aprovecho para enviar este trabajo, me recomendó un libro el cual leí y estoy releyendo, de Zygmunt Bauman llamado "Modernidad Líquida".

Más allá de las afinidades ideológicas con el autor, creo que aporta elementos para tratar de comprender elementos de nuestra sociedad que tal vez se nos estén pasando por alto producto de la inmediatez y de que lo importante muchas veces es sustituido por lo urgente. Pienso que lo que vive la sociedad venezolana hoy en día, y sobre todo, luego de 26 meses de la ausencia física de un líder de la talla de Hugo Chávez, es más complejo de lo que muchos nos imáginamos.

Bauman en el referido trabajo que acabo de mencionarles, señala a la modernidad líquida como una categoría sociológica del cambio y la transitoriedad, e incluso lo traspola a la desregulación y liberalización de los mercados. Esa metáfora de la líquidez que el autor emplea en su obra, intenta dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y capitalizada (en la que nos encontramos inmersos aún) , y la cual esta marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la web. Hoy en día surfeamos en las olas de una sociedad líquida cambiante e incierta, cada vez más imprevisible , y en plena decadencia del Estado del bienestar. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres y las mujeres que lucharon durante la ilustración por obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición , se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y las angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión del futuro.

¿Quien puede obviar que Venezuela vive una crisis? No estábamos preparados para la pérdida del líder, del timonel como Hugo Chávez, y nuestra sociedad está llena de contradicciones, de incertidumbres en estos momentos, creo que nadie puede negarlo ni obviarlo de ninguna manera.

Bueno es que, hagamos un inventario sobre lo que tenemos, tanto de nuestras fortalezas como de nuestras debilidades y vulnerabilidades, a los fines de realizar un análisis lo más apegado a la realidad que actualmente nos circunda.

En Venezuela con todo y nuestras contradicciones, no ha habido vacío de poder, ha habido un comportamiento del pueblo venezolano, imperando la paz en medio de la molestia y cierta indignación. Han habido a lo largo de estos 26 meses escenarios de desórdenes y violencia, pero aún la "sangre no ha llegado al río".

El Estado venezolano, pese a fallas, ha funcionado lo que se ha traducido en estabilidad institucional, esto a despecho del intento de imponer la matriz de opinión de Estado Fallido, por parte de los actores de la oposición venezolana.

Y sobre todo, que nuestro pueblo ha entendido, que la salida a cualquier crisis en Venezuela siempre ha sido, es y será siempre democrática, cívica y electoral.

Pero insisto, la modernidad líquida que habla Bauman es una figura del cambio y de la transitoriedad, que es lo que aún vive la Venezuela luego de la partida de Chávez. "Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Ahí están los claros ejemplos como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados. Si tomamos como ciertas estas aseveraciones, entonces: ¿Tendrá esto que ver con el incremento de la franja "NI-NI" dentro de nuestra población?

Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se limita a describir nuestras actuales contradicciones, señalando que las tensiones no son sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos.

La incertidumbre en que vivimos se corresponde a transformaciones como el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo o la renuncia a la planificación a largo plazo: el olvido y el desarraigo afectivo se presenta hoy en día como condición del éxito de las personas. Esta nueva insensibilidad que comienza nuevamente a apoderarse de nosotros exige a los individuos flexibilidad, fragmentación y compartimentación de intereses y afectos, en los cuales se debe estar siempre dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y hasta de lealtades. Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan. Bauman se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, que las relaciones se miden en términos de costo- beneficio- de "líquidez" en estricto sentido financiero si mejor los prefieren.

Es decir,¿la solidaridad se fue para el carajo en Venezuela? ¿Será por eso la proliferación de tantos "bachaqueros" en el país? ¿Tanta indolencia junta es posible? ¿los valores inculcados por Hugo Chávez en 14 años de gobierno habrán sido echados al cesto de la basura? Son algunas interrogantes que me planteo, una vez que leí a este autor para entender algunas cosas y procesos que está viviendo nuestra sociedad y que pocos comentan o escriben de ello.

¿O tendrá que ver con lo que ha dicho Oscar Schémel, que esta campaña de neurotización y disociación de nuestra sociedad nos esta reseteando el "disco duro" de nuestro cerebro, borrando todos los códigos, enseñanzas, ideas del Comandante Eterno, para reprogramarnos totalmente, para imponernos las ideas del orden que creíamos ya superado?

¿Será que estamos llegando al tiempo en el que hay que desvincularse rápido del otro o de la otra? ¿Será que los sentimientos pueden crear dependencia? ¿Será que habrá que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de "anticipar la decrepitud"? ¿De saber "cancelar los contratos a tiempo"?

Las sociedades posmodernas son frías y pragmáticas. Si bien hay expresiones ocasionales de solidaridad estas obedecen a lo que Richard Rorty llamó una "esperanza egoísta común". Piensese, por ejemplo, en lo que ha sucedido en España después del terrible atentado en Madrid. La nación solidarizó con las víctimas. Fue una reacción mucho más "sensible" que la de los americanos después del 11-S. Ellos expresaron miedo y reaccionaron de manera individualizada, cada cual portaba la foto de su familiar o amigo fallecido. Aquí, en cambio, todos sintieron que una bomba contra cualquiera era una bomba contra ellos mismos, una bomba contra cualquiera de "nosotros". Ese "nosotros" ampliado que se transforma en una empatía egoísta es la base de la "esperanza egoísta común", una peculiar clase de ética de mínimos.

En cambio, cuando el otro es un "radical otro", es decir, no es uno como nosotros, o, si se quiere, no es uno de nosotros, entonces no surge la identificación con la cual se gesta un lazo espontáneamente simpatético, más bien se trata de alguien con quien no nos identificamos proyectivamente. Tal es el caso -por ejemplo- de las reacciones en Europa Occidental frente a la llegada de un importante contingente de personas procedentes de África; esta migración provocó reacciones de miedo, brotes de xenofobia, pero no parece haber generado cuestionamientos serios sobre el hecho -incontrovertible- de que el continente africano ha quedado marginado de la globalización, y de que su población llega al Norte [a Europa] buscando aquello de lo que el Norte ya goza, como derechos adquiridos, prerrogativas sobre las cuales ya ni siquiera se repara.

La derecha pretende aplicar lo conceptuado por Bauman, que no es más que volver nuestras sociedades como metrópolis del miedo. Lo que Sloterdijk llamó "la ciudad amurallada" hoy ya no es refugio, sino la fuente esencial de los peligros.

Pretenden que nos convirtamos en ciudadanos y ciudadanas adictos a la seguridad, pero siempre inseguros de ella, y pretenden que lo aceptemos como algo lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que normalicemos "el estado de emergencia" del que habla Bauman.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto. "Miedo" es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios... un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro... Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo...

Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos (si es que en realidad hacemos esos esfuerzos) de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales. El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.

Y de esto me surgen algunas interrogantes: ¿Será por eso todas las operaciones psicológicas contra nuestra Revolución? ¿La utilización de la neurociencia como arma de guerra?

Los atentados de Nueva York, allí sin duda tuvo lugar una mutación del terrorismo, el 11 de septiembre de 2001 marca un cambio de época en la historia del miedo; así el régimen del sabotaje y la lógica del pánico vino a ser el argumento central de la política y la base de justificación de una política exterior norteamericana que sembraría otros miedos.

Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable.

En resumen, esta identidad escurridiza nos hace cada vez más dependientes del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento en términos de humanidad, conciencia colectiva por el bien individual a partir del común, en copla con la naturaleza.

No dejemos que nos roben nuestra esencia humana, que es lo que se pretende en este momento.

¡Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!.

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).